El origen del hombre ha sido un tema que ha fascinado a todos los seres humanos desde el primer acontecer de los tiempos. Pero quizá sean más  interesantes los problemas teológicos que ha arrastrado consigo tan punzante y delicada cuestión. La tópica idea de si fue antes el huevo o la gallina  tiene su transposición al hombre en lo que respecta al ombligo que éste posee. Adán y Eva no debieron de tenerlo, ya que, según la Biblia, no tenían  padres.

A decir de las leyendas más antiguas sobre el “incierto “origen del hombre, todos los pueblos coinciden en que está relacionado de una u otra forma  con el elemento tierra y la mano de la divinidad creadora y superior que le da forma. Si buceamos curiosos en las ricas fuentes de la antigua  Mesopotamia, por ejemplo, podemos descubrir que en el bellísimo poema de Gilgamesh (2000 A. C) existen referencias al curioso origen de la  humanidad. Siglos antes, en Egipto sucedió algo muy parecido. En esta ocasión el protagonista era el Dios Khnum, (Señor de las Frías Aguas)  divinidad que daba forma a todos los seres humanos antes de nacer en su mágico torno de alfarero como si de un botijo se tratara. Junto a Khnum  existen otras divinidades encargadas de insuflar y crear la vida y el espíritu.

Tenían ombligo Adán y Eva

Según la tradición que podemos ver en los primeros libros de la Biblia y del Corán, Adán y Eva fueron en ambos casos los primeros seres humanos  creados por Dios. Adán, en hebreo adam, viene a significar “hombre “, y fue creado a imagen y semejanza de Dios a partir de una pequeña porción  de polvo; “ entonces, Yavé Dios formó al hombre con polvo del suelo, e insufló en sus narices aliento de vida, y resultó el hombre un ser viviente “(Génesis 2, 7). Por su parte, Eva, en hebreo javá, significa “la que vive “, o “la viviente “y hace alusión al hecho de que la mujer procede del hombre,  en este caso de una costilla: “entonces Yavé Dios hizo caer un profundo sueño sobre el hombre, el cual se durmió. Y le quitó una de las costillas,  rellenando el vacío con carne. De la costilla que Yavé Dios había tomado del hombre formó una mujer y la llevó ante el hombre “(Génesis 2, 21, 22).

Hasta este punto todo parece correcto. Pero la irremediable curiosidad que nos invada puede llevarnos hacía un verdadero problema teológico. Si  Adán y Eva fueron creados uno del polvo del suelo y la otra de la costilla de aquél, teóricamente, no tendrían por que tener ombligo. O Sí. Ciertamente  esta apreciación se nos escapa y es dudosa tanto en una u otra dirección.

En segundo lugar, si nuestros protagonistas fueron creados a imagen y semejanza de Dios, entonces Yavé debiera tener ombligo. ¿Y si lo tiene?, ¿significaría eso que Dios procede de alguien y no es único? Pero si Dios no lo tiene y Adán y Eva tampoco, entonces, ¿estaríamos nosotros hechos  a imagen y semejanza de nuestro creador?.

En realidad, aunque este enrevesado tipo de planteamientos teológicos aparecen a lo largo de la Edad Media y durante el Renacimiento, su máximo  apogeo llegó en el siglo XVII. Es esta época Thomas Browne (1605 – 1682) publicó uno de los libros más curiosos de toda la historia de nuestra  religión. Tal libro recibió el título de “Pseudoxia, or Enquires into Vulgar and Common Errors (Pseudoxia o preguntas sobre los errores vulgares y  comunes). En tal escrito, Browne manifestaba sin reparos que como Adán y Eva no tenían padres, por tanto, no podían tener ombligo. Por ello sus  abdómenes debían de ser totalmente lisos y sin ningún tipo de nudosidad. Browne, en su polémico afán de inducir a la controversia y la discusión,  también extendió su problemática tanto a Ángeles como a otros seres celestiales.

El agitado debate teológico que había nacido a raíz de aquello fue aún más lejos un siglo después. Exactamente en 1752 aparecía un libro que  trataba única y exclusivamente sobre la apasionante temática de los ombligos de Adán y Eva. El doctor Tobías Reinhard, publicaba su explicación de  la pregunta sobre si nuestros ancestros, Adán y Eva, tenían o no ombligo. La rotundidad de sus afirmaciones a la idea para él muy clara de Adán y  Eva no tenía ombligo, no se detenía en plantear llanamente la teoría. El Doctor Reinhard no ponía cortapisas a sus propias amenazas sobre la  carencia de ombligo en la pareja primigenia con afirmaciones tales como; “y el que dude de ello será declarado indigno miembro de la Iglesia, y por  tanto será secuaz del diablo “

Y es que, la deslumbrante historia de la Biblia está repleta de éste tipo de anécdotas. Así, en 1658 el arzobispo anglicano irlandés James Usher  aportaba su granito de arena en lo concerniente a este problema teológico. Llevando los contenidos bíblicos a la ultraortodoxa más tenaz, afirmó que  el mundo fue creado por un Dios, no sabemos con o sin ombligo, en el año 4004 antes de nuestra era. Y dejó para otra ocasión la polvareda  levantada en el siglo XIX con las novedosas teorías de Darwin y las críticas recibidas por estos ultraortodoxos.

Sin embargo, y a pesar de todo, poco interés, y poco calado, tuvieron tal tipo de amenazas, tanto en lo social como en lo artístico. Como espejo de la  sociedad algunos pintores, los menos, decidieron pintar a la pareja sin ombligo. Pero contrariamente a estos, a lo largo de la Edad Media y del  esplendido Renacimiento muchos pintores han retratado la imagen de Adán y Eva sin ombligo. Así los podemos ver en algunas representaciones de  códices o en cuadros muy concretos. Otros, sin embargo, no tuvieron reparos en dar la espalda a una problemática que se tenía por absurda. Miguel  Ángel es quizá el caso más representativo. En una de sus maestras obras, los frescos de la capilla Sixtina, la representación de los primeros  hombres está realizada con ombligo. Incluso el propio Dios aparece con ombligo en la escena de la creación del propio Adán.

La mayor parte de los pintores posteriores a Miguel Ángel siguieron su misma representación, pues muy pocos eran los que habían pintado a Adán  y  Eva sin ombligo. Tal es así, que al parecer El Bosco, Tiziano, Durero o Rubens no se dejaron amedrentar por los planteamientos esgrimidos por  los  fundamentalistas religiosos medievales y modernos, sino que abrazaron el ombligo como un símbolo de naturalidad y pureza en el convulso  origen  del hombre. Sin embargo, ¿aquellas bellas representaciones eran fieles a la realidad? Sabemos a ciencia cierta si nuestros primeros padres  poseían o no tal ombligo?, ¿ Donde hallaremos tal respuesta en el supuesto de que ésta exista?

Categorías: Bíblico

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