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La maldición de Timur

Timur, mejor conocido como Tamerlán o Timur Lang, es conocido en la historia por ser el último gran conquistador nómada de Asia Central, quien murió el 17 de febrero de 1405 cuando iba marchando con su ejército para conquistar China.

Durante poco más de dos décadas, este hombre de origen mongol y turco se dedicó a conquistar ocho millones de kilómetros en Eurasia entre el año 1382 y 1405, tiempo durante el cual arrasó con ciudades completas masacrando a todos sus habitantes, ya que también era muy conocido y temido por hacer torres con los cráneos de las víctimas.

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La gran fama de Timur se extendió rápidamente por Europa y África, siendo reconocido como una figura de terror. Muchos de los pueblos que fueron afectados directamente por sus campañas aún tienen una imagen bastante fres

Tamerlán fue enterrado en la capital de su imperio, en Samarcanda dentro del Mausoleo de Gur-e Amir, el cual incluso sirvió como un gran modelo y fuente de inspiración para la arquitectura funeraria de la época, ya que incluso el Taj Mahal siguió su mismo estilo.

Pero además de ser conocido por sus grandes conquistas y por su inteligente política-militar, también es muy famoso por la maldición que lo rodea.

El origen de la maldición de Timur

La leyenda cuenta que Tamerlán, antes de morir, ordenó que se escribirá una profecía en su tumba en forma de epitafio, el cual decía: “Cuando me levante de entre los muertos, el mundo temblará de nuevo. Aquel que profane mi tumba habrá de desatará a un conquistar aún más grande y terrible que yo”.

La leyenda de la maldición revivió cientos de años después, en el año 1941 cuando un grupo de arqueólogos soviéticos que iban hacia la ciudad de Samarcanda (Siria) en la búsqueda del Mausoleo de Gur-Emir, en donde se decía que se encontraban los restos del conquistador Timur, querían comprobar si era cierto lo que decía la leyenda.

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El grupo de arqueólogos era liderado por el conocido académico Tashmuhammed Kari-Niyazov, quien estaba acompañado por el orientalista A. Semenov, el historiador Sadriddin Aini y un asistente llamado M. Gerasimov. Cuando finalmente encontraron el Mausoleo, los expertos se encontraron con el féretro de Tamerlán, el cual, en efecto, tenía su profecía escrita en él. Los científicos no dudaron en desechar las supersticiones de la maldición y continuaron con su investigación.

Así, la tumba de Timur fue abierta en 19 de junio de 1941, a pesar de que muchas personas que temían a la maldición les habían pedido a los investigadores que no lo hicieran.

La maldición de Timur y la invasión nazi

Tres días después de que la tumba del conquistador fue profanada y los investigadores exhibieran públicamente su cuerpo, la Alemania nazi lanzó la operación Barbarroja y comenzó la invasión al territorio de la Unión Soviética.

Cuando la operación Barbarroja se llevó a cabo, miles de soldados soviéticos perdieron la vida y la Unión Soviética entró en uno de los momentos más oscuros en toda la historia de la humanidad.

No fueron pocas las personas que culparon directamente al investigador Tashmuhammed y sus acompañantes por la invasión a su territorio.

Se dice que cuando, bajo demanda, los investigadores volvieron a sepultar todos los restos de Timur, en diciembre de 1942, el victorioso y hasta entonces invicto ejército alemán comenzó a sufrir una serie de derrotas en territorio ruso, comenzando por la gran derrota de Stalingrado.

De esta forma, no se sabe si la maldición de Timur fue la culpable de la invasión alemana al territorio soviético o si fue mera coincidencia, pero muchas personas afirman que su tumba jamás debió de haber sido profanada.

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