¡Hasta el espacio, y más allá!

1 month ago

¡Hasta el espacio, y más allá! ¿Sabías que la temperatura de la superficie de Venus puede superar los 450ºC? ¿Y que, en Saturno, los vientos pueden superar los 1.000 km/h? ¿Y que cuesta más dormir porque sale y se oculta el Sol cada 90’? Hay más curiosidades que, probablemente, no conocerás.

¡Hasta el espacio, y más allá!
¿Sabías que, para la década del 2030, la NASA comenzará una serie de misiones tripuladas a Marte? EEUU apunta muy alto.

Hoy, 4 de octubre, arranca la Semana Mundial del Espacio, la celebración internacional de la contribución de la ciencia y la tecnología a la mejora de la condición humana a través del estudio de éste. Una semana que dura hasta el próximo miércoles, 10 de octubre, y cuyo lema es “El espacio acerca a los pueblos del mundo”, donde se celebra el papel que juega el espacio para unir más estrechamente al mundo.

Las curiosidades meteorológicas del espacio

El espacio alberga infinidades de misterios que posiblemente no lleguemos nunca a conocer de forma completa, pero son muchos los detalles que sí se han descubierto y que hacen de él un espacio -nunca mejor dicho- maravilloso. Venus, por ejemplo, brilla tanto porque se refleja la luz del Sol. Tan densa es la capa de nubes que rodea la atmósfera del planeta que la radiación solar no alcanza su superficie, lo que hace que se refleje al espacio la mayoría de la luz del Sol.

En la Luna no hay viento. La falta de atmósfera en este astro hace que las huellas que dejaron los astronautas aún se conserven. Además, la temperatura de su superficie puede superar los 100ºC durante el día y más de -150º C durante la noche, aunque algunos calculan hasta -240º C en sus zonas más sombrías. El Sol, por su parte, alcanza una temperatura de 5.500º C en su superficie y desde la Estación Espacial Internacional (en inglés, International Space Station, ISS) los astronautas experimentan -¡al día!- alrededor de 15 amaneceres -y atardeceres-.

En Saturno llueven diamantes. Diversos investigadores plantean que las tormentas eléctricas que se producen en su atmósfera convierten el metano en carbón y, al caer, éste se endurece y se transforma, primero en grafito y en diamante después. Cosa, por cierto, que también ocurre en Júpiter. Además, al ser un planeta gaseoso, Saturno posee una nube de forma hexagonal en su Polo Norte donde cada lado mide aproximadamente 13.800 km.

 

¡Hasta el espacio, y más allá!
Sería genial hacerse un selfie como este en el espacio, ¿verdad? Antes de ello, plantéate las consecuencias de viajar hacia allí.

Y al ser humano, ¿qué tal le sienta viajar al espacio?

Viajar al espacio es uno de los sueños e ilusiones que hemos tenido todos desde pequeños. Ponerte un traje espacial, montarte en una aeronave y flotar por el espacio, pero ¿qué le ocurre al cuerpo humano cuando se encuentra en ingravidez? Principalmente el llamado mareo espacial, pues a pesar de que parezca fascinante flotar, tu cuerpo siente frecuentes náuseas y dolores de cabeza. 

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Además, los fluidos del cuerpo se desplazan hacia la cabeza, ejerciendo presión sobre los ojos y causando problemas de visión; se desarrollan cálculos renales debido a la deshidratación y se pierde, al mes, un 1% de tejido óseo -especialmente calcio- en los huesos, mientras que, en la Tierra, al año, se ha calculado que se pierde entre un 1 y un 1,5%. Todo ello sumado a que te cambia el estado de ánimo, la moral, los hábitos de sueño y puedes llegar a contraer una depresión, pues pasas demasiado tiempo encerrado en una cápsula, con toda la presión psicológica que ello conlleva. Además, tienes que saber que -por mucho que lo necesites- no podrías llorar, pues las lágrimas no caen.

Pero no todo iban a ser malas noticias, pues se ha demostrado que, si viajas al espacio, ¡creces entre 2 y 5 cm! Esto es debido a que la ausencia de gravedad ejerce una menor presión sobre la espina dorsal, provocando que las vértebras se separen ligeramente y te haga crecer unos centímetros. Eso sí, al llegar a la Tierra, pasados unos días volverás a tu estatura normal. Además, no tendrás gases, pues la ingravidez no permite la separación entre líquidos y gases en el interior del estómago de tu cuerpo; y tampoco se quejarán por tus ronquidos, pues simplemente desaparecen.

Fuente: tiempo

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Grego

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